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Última actualización: 19/mayo/2008
 
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VIDA Y OBRA DEL PADRE BLAS VALERA

 

En 1611, el misionero jesuita Giovanni Anello Oliva encontró en el patio de una vivienda en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) a un anciano mestizo, hablando en quechua a un gran grupo de nativos. Acercándose al grupo, el mestizo le saludó con las palabras: “Ad maoirem Dei Gloriam”, siendo éste el saludo habitual entre Jesuitas. Reconociéndole, Oliva se asustó profundamente, porque el mestizo era oficialmente, desde catorce años, muerto.  Era el Padre Blas Valera.
Quien era el Padre Blas Valera?

Hasta hace pocos años no sabíamos mucho acerca de la vida y obra de Valera.
Entre los historiadores, Valera es conocido como “el primer historiador peruano” o también como “el Cronista fantásma”, porque no se ha conservado ninguna obra de él.

La historiografía del Perú prehispánico y de la primera fase colonial fue redactada por alrededor de treinta cronistas europeos.  El conocido dicho de “La Historia la escriben los Vencedores” encaja perfectamente en el caso peruano.

Entre los pocos cronistas netamente peruanos de los siglos XVI y XVII destacan nombres como Garcilaso de la Vega Inca, Felipe Huamán Poma de Ayala, Juan de Santa Cruz Pachacutec Yanqui Salcamayhua y Blas Valera.
 
De lo que se sabía de Blas Valera era, que fue chachapoyano, siendo hijo del conquistador español Luis Valera y de la indígena Francisca Pérez.
 Después de haber estudiado Arte y Latín en Trujillo, en 1568  ingresó a la Compañía de Jesús como uno de los primeros mestizos.  En 1596,  por un supuesto asunto de faldas, de castigo fue enviado a España. Este mismo año, durante un brutal ataque ingles, incendiando  a la ciudad de Cádiz, Blas Valera solo pudo salvar su vida, pero no a su obra que, casi por su totalidad, se perdió en las llamas.
 El dos de Abril del siguiente año del 1597 se muere en la ciudad de Málaga.

 Entre sus obras se mencionan un “Vocabulario”, una “Historia Occidentales” de varios tomos y la obra “De Tahuantinsuyus prischis gentibus”.  De esta última obra se salvó una parte, escrita en “elegantísimo latín”,  y llegó a las manos del Inca Garcilaso de la Vega.
 El Inca hizo uso exhaustivo de las páginas “destrozadas y quemadas” del Padre Blas Valera a quien cita en numerosas oportunidades.
En 1893, el historiador español Jiménez de la Espada publica la “Relación del Jesuita Anónimo” obra que muchos investigadores atribuyen a Blas Valera.

A partir del año 1996, se descubre una serie de documentos en archivos privados y públicos en Italia y España.  Esta documentación nos revela muchísimos detalles más no solo acerca de la vida de Blas Valera,  sino también revolucionó nuestra tradicional visión de la historia andina, hecho que causó una polémica protesta dentro de la comunidad internacional de los historiadores.
 Pero, en vista de los resultados positivos de una seria investigación científica acerca de la originalidad de los papeles, tinta, cera y objetos de algodón, el arduo debate se calmó.

En “Exsul Immeritus Blas Valera, Populo Suo”, redactado en 1619  en Alcalá de Henares, España, por el mismo Padre, Blas Valera nos cuenta de su vida:

 

Que había nacido el día de San Blas, el 3 de Febrero de 1545 en Levanto.
Sus padres eran el Conquistador Alonso Valera y su madre la indígena Urpai.
 Su abuelo, el hampicamayoc (=curandero) Illahuanca jugó un rol central en su juventud.
 Cuando Blas tenía 13 años su padre asesina a su madre en su presencia.  A partir de entonces él se crió en el hogar de su tío Luis Valera. 
La familia Valera tenía su origen en el pueblo español de Aracena (Huelva).
El patron de Aracena es el San Blas.
Conjuntamente con otros mestizos chachapoyanos, como Pedro de Añasco y Gonzalo Ruiz, Blas entra a la Compañía de Jesús, orden que había llegado poco antes, en el mes de Abril de 1568 al Perú.
Después de una estadía de dos años en Huarochirí, se ordenó en 1573.
Entre 1572 y 1577 Blas Valera se encuentra en el Cuzco, donde mantiene contactos intensos con los sobrevivientes de la élite incaica, organizados en la cofradía “Nombre de Jesús”.  En el Cuzco, Blas “el mestizo que se sentía indio”  comienza, motivado por los pensamientos de Ignacio de Loyola, a organizar y dirigir un movimiento neo-inca-cristiano.
Por sus críticas abiertas frente a los abusos cometidos por el régimen colonial hispano, a partir del 1578,  los Jesuitas resultan más y más bajo presión política, siendo amenazados de su expulsión del Virreinato peruano.
A raíz de la creciente amenaza, el General de la Orden jesuítica en Roma, Claudio Aquaviva, ordena la prohibición del ingreso de mestizos a dicha orden, considerándoles como mayor peligro para la Compañía.
Siendo el rebelde mestizo más peligroso para la superioridad, los escritos de Valera, basándose en la lectura de los quipu que el “leía con gran facilidad” y consecuentemente no siendo conformes con la versión oficial de la historia andina, fueron sometidos a la fuerte censura general y  prohibidos.
De él sabemos, que la historia del Perú no era así, como nos relatan los cronistas oficiales. Sabemos que, durante el famoso encuentro en Cajamarca, donde menos de 200 españoles vencen a un aproximado de 50 000 soldados del ejercito incaico.
Por intermedio de la carta de unos de los Conquistadores, que dirige al rey Carlos V, Francisco de Chávez manifiesta, que esta batalla se ganó por traición, envenenando al Estado Mayor  del ejército incaico con vino moscatel, mezclado con arsénico.
Por intermedio de las fuentes oficiales sabemos también, que los españoles nunca perdieron en el campo de batalla, enfrentándose con los guerreros andinos.
Mientras Blas Valera (también Garcilaso y Oliva) nos informa acerca de la batalla de Tocto, donde los españoles sufrieron una derrota.
 
Por todo lo que se sabe ahora de Blas  Valera, se le compara con Bartolomé de las Casas, el famoso defensor de los derechos indígenas.

 Bajo el pretexto de un asunto de faldas: “se juzga que conviene despedir al Padre Blas Valera; tome por ocasión lo que hizo con la muger y le despida; y si no, que le tenga etcétera”,  Blas fue encarcelado por herejía durante diez años con el fin de romper su espíritu de rebeldía.  Durante este encarcelamiento Blas se enfermó y fue enviado a España.   Durante el ataque inglés a la ciudad de Cádiz, Valera logra salvar una parte de su obra y la entrega al Inca Garcilaso de la Vega para su publicación.
En 1597, en la ciudad de Málaga, la superioridad jesuítica le propone lo siguiente: Expulsión de la Orden, o muerte jurídica.  Blas escoge la “muerte” : “yo padre Blas Valera muerto ficticiamente por orden de quien prefirió la mentira a la verdad, de quien con acusaciones no merecidas llegó casi a expulsarme de la Compañía de Jesús…”.
Poco después, el Padre Blas se escapa, vuelve al Perú y vive durante 19 años en la clandestinidad, apoyado por sus paisanos jesuitas, como Gonzalo Ruiz.
Se han descubierto varios documentos, donde se hace mención de “un vivo muerto”, rebelde,  llamado “Ruiruruna”. Ruiruruna era el nombre del bisabuelo de Blas.

 Según el mismo Blas Valera,  durante sus últimos años en el Perú, él redactó la voluminosa obra Nueva Coronica y Buen Gobierno, apoyado por el dibujante jesuita Gonzalo Ruiz. Como Valera, siendo oficialmente muerto, no podía figurar como autor, buscó a Felipe Huamán Poma de Ayala como presunto autor. Como prueba de ello Valera adjunta a los documentos que ha dejado, el contrato entre él y Huamán Poma.

Probablemente en 1618 el vuelve a España, donde redacta el “Exsul Immeritus Blas Valera Populo suo”. Sus ultimas palabras en este, su testamento, acordándose de su tierra natal, son:
“Aquel que, o pueblo del Tahuantinsuyu, hará de manera que estas memorias mías lleguen hasta ti – quién sabe cuando, no puedo decirlo-; quiera Dios hacer que estos papeles sean hechos manifiestos, aun en el oculto viaje que harán, sin sembrar discordia alguna.  Pero de ello tengo mis dudas. Son dos, pues, los crímenes: el oro y el veneno.Parachinam veque payllamanta urman (las lágrimas caen como lluvia por sí solas)”.

 

   
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